La plaza de Ixtlahuaca: El tianguis patrimonio sociocultural del Edomex


Por L. en Gastr. Roberto C. Caballero

La famosa plaza de Ixtlahuaca es el tianguis o mercado ambulante más extenso y variado de su tipo en todo el norte del Estado de México, mismo que se instala religiosamente cada lunes en las principales calles de dicho municipio y que sobra mencionar, es orgullosamente, el poblado con mayor número de habitantes de origen mazahua.

Según RAE (real academia de la lengua española) ‘’tianguis’’ del náhuatl tianquiztli hace referencia a ‘’un sitio público’’, por otra parte, el diccionario gastronómico Larousse nos dice que la palabra ‘’tianguis’’ deriva del náhuatl tianquiztli y designa a un mercado o una plaza de origen prehispánico, situados al aire libre o de forma ambulante.

Los tianguis tienen su origen en la época prehispánica, como el mítico mercado de Tlatelolco en la gran México-Tenochtitlan, hoy Ciudad de México, del cual, cronistas de la nueva España, como Bernal Díaz del Castillo hacen mención, detallando la majestuosidad de dicho mercado, la inmensa cantidad de productos procedentes de toda Mesoamérica, y lo increíblemente ordenado y limpio que era, nos describen, además, que en dimensiones, superaba al de Salamanca España, el cual era el más grande de Europa en aquella época. Siendo los tianguis desde entonces, y hasta nuestros días, un punto de reunión, donde individuos de todos los estratos sociales, convergen para el comercio de mercancías de toda índole y que, aún en la actualidad, se sigue practicando el trueque, es decir, el intercambio de mercancías entre comerciantes.

Según datos del H. Ayuntamiento Municipal de Ixtlahuaca, el comercio ambulante, en concreto, la plaza, data desde la época prehispánica, donde los jñatjo, al ser un pueblo dominado por los mexicas, rendían tributo a la Gran México-Tenochtitlan, obligando así, al intercambio de mercancías como maíz o textiles, teniéndose, registros de la importancia comercial de Ixtlahuaca ya durante la época colonial. Debido a su ubicación estratégica, fue propicia para el comercio no solo con municipios circundantes como Atlacomulco, Jocotitlán, Almoloya, San Felipe del Progreso, Toluca, etc, si no también, con ciudades como Valladolid, hoy Morelia, a través de la ruta comercial del siglo XIX del pueblo minero de Tlalpujahua Michoacán y hasta la propia capital del país, la Ciudad de México, durante los siglos XIX y XX este tianguis se habría de consolidar tal y como lo conocemos al día de hoy.

En la plaza de Ixtlahuaca podemos encontrar un sinnúmero de productos de todo tipo, gastronómicamente se conjuntan productos procedentes de todo el país y principalmente de toda la zona mazahua, haciéndolo único en su tipo ya que solo en él podremos encontrar ciertos productos endémicos, es decir, propios de la zona; como acociles, charales, axolotes, ranas, truchas, carpas, quelites lacustres como sanreje, palmitos, o la famosa papa de agua, diversidad de hongos; como morillas, clavitos, patitas de pájaro, quexques (especie de hongo color azul índigo), panchihuas, etc., productos y subproductos de la milpa; como maíces azules, morados, rojos, negros ,amarillos, blancos, palomeros, pintos, cuitlacoche, frijoles, calabacitas tiernas, habas, flores de calabaza, chilacayotes, un sinfín de quelites de temporada; como nabos, quintoniles, verdolagas, cenizos, huauzontles, etc., otros productos como; chocolate, pinole, mole, tamales, puerquitos de piloncillo, pan de pulque, innumerables tipos de chiles frescos y secos, nopales tiernos, tunas, xoconostles, bebidas como; el pulque, atole, tepache, aguas frescas, etc., además de utensilios de cocina como metates, petates, molcajetes, molinos, diversidad de utensilios de madera y  peltre, ollas y cazuelas de barro, jarros, cantimploras, y así, un infinito etcétera, que, dependiendo la época del año, variará su disponibilidad y abundancia, siendo la época de lluvias, que va de junio a septiembre, la más interesante y de riqueza gastronómica.

En la plaza de Ixtlahuaca sucede un acontecimiento sociocultural muy interesante y netamente mexiquense, propio del estado de México ¡vaya!, ‘’el gran taco de plaza’’, mismo que en artículos anteriores ya he hablado más a detalle, esta preparación que es  tan variada como gustos e individuos hay en esta región, el proceder es el siguiente: estando en la plaza, primeramente habremos de adquirir las tortillas de maíz criollo recién hechas a mano, ya sea ½ docena o una completa, posteriormente acercarse a su marchanta favorita, si, esa, la que vende ‘’guisos’’ y comprarle 15 pesos de este, 10 pesos del otro, 5 de aquel, etc., y claro, también un poco de chiles en vinagre, posteriormente acercarse al marchante de alado y comprare 2 pesos de pápalo, o de cilantro, acto seguido, acudir al puesto de cecina, carnitas o  de barbacoa de borrego de más confianza, ese en el que te regalan ‘’la prueba’’ y te llaman cariñosamente ‘’güera/o’’, tomar asiento junto con un grupo de desconocidos que al igual que tú, como una gran familia, compartirán mesa, se armarán su propia versión del ‘’taco placero’’ y lo degustarán con singular alegría.

Dicho lo anterior, este peculiar taco puede ser elaborado con un universo de preparaciones diferentes; como de barbacoa de borrego, cecina, quelites, chicharrón, arroz, huevo, nopales, pata de puerco, queso de puerco, hueva de carpa, con o sin salsa, con o sin pápalo o cilantro, de tortilla de maíz azul, amarillo o rojo, con queso de rancho o sin él, etc., al fin, como reza el dicho; ‘’en gustos se rompen géneros’’. Su importancia no recae en la preparación, sino más bien, en el contexto sociocultural en el que sucede; el tianguis o plaza, lugar donde el compartir taco, el compartir mesa y degustarlo todos en comunidad, sin importar el estrato sociocultural de los individuos, genera esta magia de hermandad propia de los mercados mexiquenses.

La hora idónea de llegada a esta plaza dependerá rigurosamente del propósito al cual  se acude, es decir, si se desea comprar, probar y conocer productos endémicos de la zona mazahua, se deberá llegar temprano, entre las 7 y 8 de la mañana, más preciso, a la esquina del portal en frente del monumento a Juárez, por otra parte, si se desea almorzar, es idóneo arribar antes de las 12 del día o si se desea comer, es recomendable ir pasadas las 4 de la tarde, para evitar aglomeraciones por la salida de los niños de las escuelas. Personalmente, yo recomiendo acudir temprano, antes de la 1 de la tarde, para así maravillarse de todo el abanico de colores y diversidad en todos los sentidos; tanto cultural, lingüística, gastronómica, etc., sin embargo, si de ahorrar y de conocer el famoso trueque, es recomendable acudir tarde, pasadas las 5 y 6 de la tarde, ya que a estas horas la mayoría de comerciantes se retiran a sus comunidades de origen e intercambian entre ellos sus productos que no pudieron vender, esto sucede generalmente a fuera de la terminal de autobuses.

Los jñatjo (se pronuncia ‘’ñató’’, así se autodenominan los mazahua) son un pueblo sumamente sabio con respecto a todo el medio que les rodea, en el ámbito gastronómico no es una excepción, si eres un inexperto en el proceder para la preparación de algún producto, basta con acercarse a una mujer que venda lo producido en su milpa y preguntarle sobre alguna forma de cocinar cierto vegetal o la forma de comer algún platillo, y muy seguramente te dará amablemente ‘’santo y seña’’ de cómo hacerlo, desde el fondo de su corazón, sin pretensiones y con el orgullo de compartir sus conocimientos y su cultura.

Más que un mercado, tianguis o regionalmente llamado ‘’plaza’’ es todo un acontecimiento, en él se vive en carne viva un sincretismo sociocultural alucinante, se conjuntan pobladores de todo el valle mazahua y de otros lares del Estado de México y estados circundantes, convive de una manera casi mágica la lengua castellana con la mazahua, la otomí, la nahua y alguna que otra infiltrada, entre olores a cecina asada, a pulque, a hojas de maíz tatemadas de los tlapiques de charales y ese mágico vapor de la barbacoa de borrego o de los elotes hervidos con tequesquite y pericón, entre gritos de marchantes ofreciendo sus frutos y vegetales recién cosechados, las lindas mujeres de avanzada edad vendiendo hierbas para curar el alma y el desfilar de bellas mujeres portando orgullosas su quexquemetl bordado, sus faldas tableadas y sombrero a ‘’dos piedras’’; indumentaria típica mazahua, oír a lo lejos el sonido de los guajolotes, el cuchilleo de los taqueros y las aturdentes campanas de la ‘’catedral mazahua’’ llamando a misa, mientras se escucha, a su vez; el regateo de quienes están comprando ‘’cuartillos’’ de maíz y frijol, y aquella música de banda, algo desafinada, pero sincera y alegre, de artistas callejeros, anónimos, que por una moneda te cantarán alguna bonita canción mexicana y que al terminar, su mejor pago será, además de la moneda claro está, una sonrisa y porque no, una invitación a ‘’echarse’’ un trago de pulque y un buen taco de plaza. 

 

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