El falso glamour de la gastronomía impuesta por los medios

A menudo oímos la palabra elitismo, pero ¿qué significa esta singular palabra? Es la distinción que hacemos como miembros de una ‘élite’ o un sector ‘superior’ de la sociedad manifestando gustos o preferencias peculiarmente diferentes a las de una mayoría, es el catalogar ciertos usos y costumbres como ‘mejores’ o de mayor estatus.

Dentro del mundo gastronómico esta problemática (y valla que lo es, y lo iré explicado más adelante) está muy arraigada, no solo por el ego inalcanzable de los llamados ‘chefs de marca’ (no todos cabe aclarar) que al tener cierta fama, ya sea influenciada por los medios de comunicación, por las redes sociales o por tener algún restaurante en la lista de los mejores del mundo, creen ser el centro del universo gastronómico, como si lo que ellos dijeran o hablaran e incluso investigaran debiese que tomarse como una verdad absoluta (nada más errados), sino también por nuestra propia sociedad. Los mexicanos lastimosamente somos muy elitistas, malinchistas y clasistas. Tenemos la costumbre de dividir, categorizar y asignar estatus a todas las cosas. De separar todo, en ricos o pobres, en fino o corriente, sin ningún fundamento en concreto, lo hacemos solo por seguir una moda o la tendencia del momento. El que existan estos personajes (chefs de marca) viviendo en las nubes de su propio mundo egocentrista no es más que la culpa de nuestra propia sociedad mal educada, que con el solo hecho de que tal chef (que por cierto lo correcto es llamarlo cocinero, chef es solo un puesto dentro de la organización de una cocina) salga en una revista o este en cierta campaña comercial, en automático lo idolatramos sin importarnos si en realidad es bueno en lo que le atañe (cocinar), en automático queremos ir a su restaurante, aunque la comida o el servicio sean pésimos solo por el simple hecho de tomar una food pic o una selfie y hacer alarde que comimos en ese, el lugar de moda del que tanto hablan.

Algo que no solo me puede molestar (y bastante) a mí; es el hecho de catalogar ciertos alimentos como sinónimo de abundancia económica y otros, al contrario, de carencia, de pobreza, el decir que, por ejemplo, un taco de frijoles y chile es para gente ‘baja’ o ‘naca’ es la expresión viva de la ignorancia, que no está consiente que este simple taco, nutricionalmente, tiene una cantidad semejante a la de la carne, que este taco de ‘pobres’ representa la base de la alimentación mexicana (el maíz, el frijol y el chile), esta sencilla, nutritiva y deliciosa preparación encarna el éxito de las civilizaciones prehispánicas. El hacer distinciones de ciertos alimentos o el enaltecer las cocinas extranjeras y denigrar la propia son una manera de hacer evidente nuestro total desconocimiento a nuestra cultura y una grave falta de respeto a nuestra mexicanidad, a nuestras raíces, es profanar nuestra propia identidad.

No hay cosa más nefasta y detestable que el hacer comparaciones entre distintas cocinas del mundo y sobajando la nuestra, que por cierto es patrimonio inmaterial de la humanidad (UNESCO, 2010), a mi parecer cada cocina, cada ingrediente, especia, proteína, etc., tiene su peculiar valor, ninguno es más o mejor que otro, dentro de su contexto sociocultural son grandes a su manera y por su propia naturaleza, la cocina mexicana es tan grande y valiosa como la japonesa, libanesa o española.

¿Por qué tenemos que preferir cocinas europeas como la francesa o italiana para alguna cena ‘elegante’ y delegar la nuestra para eventos informales? Honestamente creo que no hay nada más elegante que un buen mole (como el chef Enrique Olvera en su restaurante Pujol en la CDMX así lo oferta) acompañado con unos deliciosos tamales de sal, tal cual en las grandes fiestas de nuestras comunidades rurales, es cuestión de empezar a enaltecer lo propio, lo nuestro, sin que esto signifique que sobajemos lo externo.

Ningún alimento es de pobres o ricos, todos están al mimo nivel, tanto un exquisito plato de frijoles negros con hoja de aguacate como un caviar ruso o una gran paella valenciana, es más bien cuestión de gustos y preferencias, pero dejando de lado el insulto o discriminación hacia los alimentos, yendo de la mano del respeto.  Personalmente, si tuviera que hacer, por alguna razón una distinción forzosamente entre alimentos, diría indiscutiblemente que la mejor comida, la que mejor se disfruta y sabe es la más sencilla, la que se prepara con amor y cariño, sin pretensiones ni faramallas, sin realmente importar que ingredientes se usen en su confección o de qué tipo de cocina estemos hablando, soy total creyente que lo simple siempre es y será lo más delicioso y disfrutable en este mundo.

La próxima vez que quieras catalogar ciertos alimentos para creerte superior al resto, estarás insultando una cultura, una sociedad y una historia, pínzalo dos veces porque seguramente quedaras como un completo inculto.

Roberto C. Caballero
Licenciado en Gastronomía
@RobrtoCaballero

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *